“Para hacer las cosas bien es necesario primero, el amor, segundo, la técnica”, quién podría haber dicho estas palabras, las respuestas pueden ser varias, pero la correcta es que pertenecen a Antonio Gaudí i Cornet, uno de los arquitectos de los últimos siglos.
Seguramente, el amor por el arte de la arquitectura y su buena técnica fueron la base de las obras del que nació un 25 de junio de 1852 en Reus, Tarragona. En 1870, este joven, con tan sólo 18 años, ingresa en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, donde aprendería todos los conocimientos necesarios. Siendo estudiante colabora en varios proyectos y trabajos con los arquitectos Villar y Fontseré entre otros.
Con el tiempo, Gaudí, crea su propio estilo arquitectónico, un estilo que se basa en la naturaleza y las formas geométricas, juega con las simetrías y asimetrías, con los diferentes materiales. Usa los colores y la luz para definir el espacio.
Antonio G. i Cornet, se formó en el ambiente del romanticismo catalán, pero sus obras son una mezcla con el modernismo y el neoclasicismo, rompiendo con los conceptos preestablecidos y la estética a la que estaban acostumbrados en su época. Descendiente de una familia modesta, se vería influido por esta situación, afectando así a su carácter y a sus obras.
Este estilo hace que la función y la estructura de la ornamentación de los edificios vayan unidas. Esa variedad y expresividad de las formas creadas de la inspiración del arquitecto, provocaron la admiración de personalidades como Salvador Dalí y Le Corbusier entre otros, sin olvidar, que hoy en día, sigue suscitando la misma admiración de gente de todo el mundo.
El primer encargo de este estudiante como arquitecto fue la Casa Vicens, en el año 1883, acabando su construcción cinco años después. El estilo de esta obra, es neogótico, y se aprovecharon los restos de una mansión antigua.
En el mundo laboral de Antonio Gaudí, podemos distinguir varias etapas: la primera, recoge obras, mayormente de cataluña, como el Palacio Güell, el Palacio Episcopal de Astorga, la Casa Botines de León, y la Sagrada Familia entre otras. De esta última, se hace cargo en el año 1883, habiendo sido un templo, una catedral neogótica que modificó en su mayoría y que actualmente ostenta riqueza ornamental y cien metros de altura.
La cripta, el ábside y la Fachada del Nacimiento fueron construidas bajo la dirección del catalán, quien estuvo 43 años de su vida trabajando para esta construcción, hasta su fallecimiento en 1926.
La Casa Calvet es una típica casa burguesa de Barcelona, fechada en 1898 el inicio de su construcción.
En la segunda etapa de Gaudí i Cornet, se encuentran el Parque Güell, la Casa Batlló y la Casa Milà, todas comenzadas a partir de 1900.
El empresario textil Eusebio Güell sería el siguiente en encomendar varios trabajos al de Reus. La finca de Pedralbes y el Palacio Güell, que dejarían ver claramente las nuevas formas que Gaudí introduciría en el mundo de la arquitectura.
Pero durante esta primera etapa, Antonio Gaudí, también diseñó algunas obras fuera de Cataluña, entre las que cabe destacar el Palacio Episcopal de Astorga, entre los años 1887 y 1893, y la Casa Botines o también llamada antiguamente Casa Fernández y Andrés, la cual se construyó de 1891 a 1894. Estas dos obras, situadas ambas en León.
El Palacio Episcopal fue un encargo del obispo Juan Bautista Grau Vallespinós, reusense también. En esa época, Gaudí tenía varios proyectos puestos en marcha, debido a esto, no era posible su desplazamiento a Astorga, por ello pidió a Grau, que le enviase fotografías del lugar y del terreno en particular. Así lo hizo el obispo Juan Bautista Grau, de manera que a los pocos meses, el arquitecto le envió los planos para empezar con el proyecto.
Era evidente que al catalán le llovían las ofertas de trabajo, su buena reputación y su elenco de amigos que le recomendaban hizo que en la misma época en la que Gaudí se desvincula del Palacio de Astorga, comenzara la elaboración del diseño de la que sería la Casa Botines de León.
Este edificio, de grandes dimensiones, debe su naturaleza la relación de los señores Mariano Andrés González Luna y Simón Fernández y Fernández con el empresario catalán Eusebi Güell, quine recomendó a los comerciantes textiles a Gaudí para llevar a cabo el proyecto que tenían en mente como residencia y como lugar comercial.
Los leoneses Mariano Andrés y Simón Fernández, aceptaron que fuera el barcelonés quien se encargara de la construcción que en un principio se llamaría Casa Fernández y Andrés, pero a lo largo del tiempo, pasaría a adquirir el nombre de Casa Botines debido al apellido de Joan Homs i Botinàs, fundador de la empresa textil que antecede a la de los leoneses.
El edificio que estos decidieron construir en el centro de la ciudad de León, desde un principio, tiene dos finalidades, las plantas inferiores se dedicarían al negocio, la compraventa de tejidos, y las plantas superiores como residencia, destinadas completamente a viviendas. A su vez se dividiría el piso principal en dos partes, una para cada uno de los propietarios, los otros pisos se distribuirían con el objetivo de se alquilados.
Las aplicaciones en la Casa Botines para su construcción, sorprendieron tanto a la población como a los técnicos leoneses de la época, quienes, conociendo las características del terreno, se aventuraron a decir que: “La Casa Botines se cae”, pero eso no sucedió nunca, Gaudí demostró que era un experto en su trabajo.
Otra sorpresa para los leoneses era la rapidez con que crecía la construcción de la Casa Botines, que restando el tiempo que se empleó para recopilar los materiales adecuados y las licencias, deja entrever que el edificio es creado en diez meses, algo que consiguieron gracias a la perfecta coordinación los empleados del catalán.
Los detalles fueron muy trabajados, las puertas, las ventanas y contraventanas, los muebles, objetos de gran tamaño, las verjas alrededor del edificio, el tejado, el foso, tanto el exterior como el interior muestran una alta seguridad,
En cuanto a la estructura, Antonio Gaudí introduce un estilo nuevo y personal. A pesar de conservar esquemas procedentes de los edificios del gótico civil, Gaudí abandona cualquier reminiscencia árabe o mudéjar y, sobre todo en lo estructural, se inclina por la más pura racionalidad, en una línea que más tarde desarrollará Le Corbusier, uno de sus tantos admiradores.
Pese a su apariencia, esta gran masa pétrea descubre ricos registros arquitectónicos. Una vista en perspectiva del edificio permite observar que, en aras de conseguir suavizar la rigidez, el edificio responde a un escalonado piramidal, rematado en lo alto por los pináculos de las torres, perfectamente visibles desde la lejanía.
Los elementos ornamentales no se quedan atrás en esta obra, la verja que recorre el foso, la cubierta del techo en material de pizarra, los acabados en aristas, tienen un mismo fin, un objetivo común, acentuar la horizontalidad del edificio.
Las ventanas juegan un papel muy importante en los diseños de este arquitecto, la iluminación es algo que pretende cuidar, por ello, empezando a observar por las plantas superiores, se puede ver como las ventanas van adquiriendo tamaño a medida que desciende la altura de la planta, es decir, las ventanas más grande se encuentran en la planta baja, mientras que las de menor envergadura, están situadas en las torres y el ático, donde es más fácil que entre la luz durante todo el día.
El mismo pensamiento le tiene para los espacios abiertos como pueden ser los patios interiores, siempre deben de aportar luz.
Una concesión a la época y a esa idea preconcebida de lo que el norte representa (asociada a fortalezas, castillos, iglesias y climas duros), son los torreones cilíndricos con los que remata los cuatro ángulos del edificio, los pináculos antes mencionados.
Si Gaudí hubiera prescindido de estos, el edificio resultaría más moderno y menos tributario a un pasado romántico que siempre ejerció una gran influencia en el lado simbólico de su arte, ese romanticismo catalán.
Por otro lado, el foso tenía un propósito, el hecho de que la rejería de hierro que lo recorre sea practicable en algunos puntos, se hace para facilitar la entrada y salida de personas, materiales o mercancías.
Y si de elementos ornamentales se habla, cabe decir que a pesar de no estar inicialmente dibujada en el proyecto de Gaudí, la puerta de forja de la entrada principal es un elemento destacado de la ornamentación del edificio.
Para este trabajo, que los técnicos o artistas que Gaudí implicó en la construcción de este edificio procediesen de Cataluña, provocó algunos recelos por parte de la población leonesa. Sin embargo, las razones de esto, se deben a que le gustaba trabajar con el mismo equipo de técnicos y colaboradores siempre, se trate de herreros, carpinteros, escultores, vidrieros, arquitectos, maestros de obra o albañiles.
Hay que añadir, que aunque la Casa Botines exteriormente no recuerde al estilo empleado en otras obras del barcelonés, que muestran la sensación de movimiento de la fachada, como pueden ser la Casa Batlló o la Casa Milà, o el mismo Parque Güell. En el edificio leonés, muestra una arquitectura antigua y moderna a la vez. Como prueba del esfuerzo, la originalidad y la genialidad de Gaudí, Casa Botines fue declarado monumento histórico en 1969.
En frente de la Casa Botines se puede encontrar una escultura de bronce, compuesta de un banco y una figura humana que simula al arquitecto de Reus, con su apariencia seria, sobria, tranquila, pensativa…mientras al lado opuesto del banco, en el otro extremo, se encuentra la figura de una paloma que observa al catalán.
Actualmente, se usa como sede de Caja España, entidad propietaria del inmueble. Se realizan exposiciones en las diferentes salas de la planta baja, permitiendo así ver el interior del edificio, que mantiene los elementos originales.
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